Los principales países productores de aceite de coco son Indonesia y Filipinas aunque en cualquier país en el que haya cocos suele haber empresas dedicadas a la fabricación de este producto. El proceso de fabricación es muy sencillo.

Lo primero que se hace es pelar por completo los cocos. Las fibras que recubren la cáscara se utilizan para muchas cosas, desde la realización de productos para impemeabilización hasta para la creación de alfombras. El agua del interior del coco también se comercializa, siendo una bebida sabrosa y muy refrescante. Una vez que se han retirado fibras y cáscaras nos encontramos con la pulpa blanca separada del resto.

La transformación de la pulpa de coco en aceite de coco

Una vez que se ha obtenido la pulpa del coco esta se lava y se trocea para someterla a un proceso de secado que dará lugar a la copra, que es el nombre con el que se conoce la pulpa de coco seca. Esta copra se muele a fin de convertirla en harina.

La harina de coco es prensada en frío, dando lugar a aceite de coco 100% virgen. Solo el aceite resultante de este primer prensado en frío tiene esta consideración y la propiedades atribuidas a este aceite. Se calcula que para conseguir un litro de aceite de coco virgen 100% son necesarios, aproximadamente, unos ocho cocos.

Este aceite de coco virgen sin refinar es apto para el consumo humano, puede utilizarse para freír o para acompañar alimentos y también puede utilizarse como cosmético para el cabello y para la piel. También puede ser la materia prima para elaborar otros productos derivados del aceite de coco o que contienen este como parte de sus ingredientes.

A temperatura ambiente, el aceite de coco virgen se solidifica y tiene el aspecto de una pasta dura de color blanco, pero al calentarlo se convierte en un líquido transparente con un olor muy suave.

El aceite de coco se utiliza en alimentación, en cosmética, como parte de productos limpiadores etc. Es apreciado por su suavidad, su buen olor y sus propiedades nutricionales.